Su matrimonio estaba al borde del desastre y casi termina, pero 1 sola pregunta lo cambió todo

Richard Evans es un famoso escritor de novelas de origen estadounidense. Al igual que cualquier otro escritor, debe viajar mucho para hablar sobre su trabajo y promocionarlo. Sin embargo, esos viajes estaban acabando con su matrimonio.

Pero llegó un momento que lo cambió todo y de milagro salvó su matrimonio. A continuación, te contamos su historia y lo que ocurrió que salvo su relación.

La vida de Richard Evans

Jenna, mi hija mayor me confesó que cuando estaba pequeña, tenía mucho miedo. Ella creía que nosotros nos separaríamos y eso la atormentaba. Cuando cumplió sus 12 años, nos confesó que le parecía mejor si nos separábamos. Al ver las constantes peleas que teníamos, pensó que sería mejor si nos dábamos un tiempo.

Mi esposa Keri y yo discutíamos a diario y cada vez las peleas eran más intensas. La verdad no sé por qué me casé con ella, ya no me acordaba lo que me atrajo de Keri. En realidad, teníamos personalidades muy diferentes y por eso peleábamos constantemente. Pero lo peor de todo fue que la fama y el dinero no arregló nada, al contrario, lo empeoró todo.

Cada vez había más tensión en nuestro matrimonio, y las peleas no se terminaban. Con cada día que pasaba, crecía la idea de divorciarnos, pero todavía no lo hacíamos. Peleábamos a tal grado que veía mis giras promocionales como una especie de escape a su presencia. Me sentía frustrado, agotado, sin ganas de continuar.

Cierto día, en medio de una gira, la llame por teléfono, donde volvimos a discutir. Ya no soportaba mas, así que sentí que me desplomaba. Entonces, en baño del hotel, caí en el suelo mientras el agua me mojaba. En ese momento le oré a Dios, y le pedí cuales eran sus razones para permitir que esto me ocurriera. En realidad, no sé si le oré, porque gritarle a Dios no es orarle.

Una revelación que lo hace cambiar

Entonces, como si fuera un niño, empecé a llorar en la ducha hasta mas no poder. No sabía por qué estaba viviendo esa situación, ya no sabía qué hacer. En ese momento sentí como si estuviera recibiendo una especie de revelación. Dicho evento cambió por completo mi forma de pensar y actuar. Me di cuenta que no podía intentar cambiarla a ella, quien debía cambiar era yo.

En ese momento, Recé mucho. Toda la noche la pase rezando. Al día siguiente recé. Mientras iba en el vuelo de regreso a casa, recé. Al llegar a casa, mi esposa estaba fría y a penas me abrió la puerta. Aquella noche estábamos acostado a solo centímetros, pero parecían kilómetros. Entonces esa mañana decidí comenzar a cambiar yo en lugar de cambiarla a ella.

Le pregunté “¿Qué puedo hacer para mejorar tu día?”. Keri me miró enfadada y preguntó “¿Qué?”. A esto, yo repetí de nuevo “¿Qué puedo hacer para mejorar tu día?”. “No puedes” – respondió ella, “¿Por qué lo preguntas?”. Le respondí “Porque lo digo en serio. Solo quiero saber qué puedo hacer para mejorar tu día”. “¿Quieres hacer algo? Ve a limpiar la cocina” – me dijo algo subida de tono. Yo respiré profundo, me levanté e hice lo que me pidió.

Emprende el viaje para salvar su matrimonio

Tal vez ella pensó que no haría nada, pero finalmente lo hice. Al día siguiente le hice la misma pregunta, entonces me miró algo molesta y dijo “Limpia el garaje”. Ella lo hacía simplemente para molestarme, sabía que eso era mucho trabajo. Sin embargo, tal y como me lo pidió, me pasé más de 2 horas limpiando el garaje.

Ahora Keri no sabía que pensar de mí, había quedado impactada de que hiciera todo lo que me pidió. Al día siguiente le pregunté “¿Qué puedo hacer para mejorar tu día?”. A eso ella respondió “Nada, no puedes hacer nada. Ya deja de preguntarme lo mismo todos los días”. Entonces le contesté “Lo siento, pero estoy comprometido conmigo mismo. ¿Qué puedo hacer para mejorar tu día?”

– “¿Por qué haces esto?” – preguntó Keri.

– “Porque me preocupo por ti y por nuestro matrimonio” le dije.

La mañana siguiente volví a hacerle la misma pregunta, y al día siguiente y al siguiente. Me mantuve haciendo lo mismo por casi un mes, hasta que un milagro ocurrió. Entre lágrimas, Keri respondió: “Por favor, ya deja de hacer esa pregunta. Tú no eres el problema, soy yo quien es la problemática. No sé por qué todavía estás conmigo”.

En ese momento, le levanté la barbilla y la miré a los ojos: “Porque te amo ¿qué puedo hacer para mejorar tu día?”

– “Soy yo quien debería estar haciendo esa pregunta” dijo entre lágrimas.

– “Deberías, pero ahora no. En este momento necesito cambiar yo, que sepas lo que significas para mí”.

Valió la pena el esfuerzo

En ese momento puso su cabeza sobre mi pecho y me abrazó. “Siento haber sido tan mala” dijo mientras secaba sus lágrimas. “Te amo” le dije y ella respondió con un “Te amo”. “¿Qué puedo hacer para mejorar tu día?”. Entonces me pidió pasar un tiempo juntos.

Con una simple pregunta nuestra situación cambió por completo. Más que eso, ahora era Keri quien me preguntaba cómo podía ser una mejor esposa. A la fecha llevamos más de 30 años de casados y aun nos amamos. Hemos aprendido a cuidarnos entre nosotros y a pasar por alto nuestras diferencias. Lo cierto es que valió mucho la pena salvar nuestra relación y cambiar nuestra mentalidad.”

El amor verdadero no busca sus propios intereses. Por el contrario, en lugar de buscar lo mejor para él, busca la felicidad de la otra persona. En la actualidad muchos matrimonios se disuelven porque cada uno busca sus propios intereses. Pero si una pareja verdaderamente se ama, hará lo posible por salvar su relación y hacer feliz a la otra persona. Si estás de acuerdo con esta idea, comparte esta historia en tus redes sociales.

Fuente de la información: unidosconsalud.com

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