La desgarradora carta de una madre triste a sus hijos. Nunca les hagas esto:

A nuestros padres les debemos la vida y gran parte de lo que somos. Nos ayudaron a dar los primeros pasos en diversos aspectos, nos enseñaron a lidiar con las emociones, nos dieron ejemplo de cómo amar. Lamentablemente, por nuestras ocupaciones hay momentos en que nos olvidamos de ellos.

Nuestros padres no siempre son esas personas fuertes que conocimos de niños, no siempre pueden valerse por sí mismos, y llega un momento en que debemos encargarnos de su cuidado, una bella labor que podemos compartir con nuestros hermanos. En este mensaje queremos compartir contigo la carta que una madre escribió a sus hijos, en la que habla del orgullo agridulce que siente, pues aunque los ve realizados como hombres de bien, cada vez es menos el trato que tiene con ellos, y el abandono le cala hasta lo más profundo de su alma.

“Queridos hijos:

Con algo de tristeza en mi corazón les envío esta carta.

Siempre he querido darles todo el amor que merecen y más, era mi deber, y creo poder decir que lo he logrado, pues siempre han sido lo primero en mi corazón. Mis hijos han sido mi prioridad en toda decisión que he tomado a lo largo de la vida, pues les siento como lo más hermoso que Dios me ha regalado.

Crecieron y se volvieron adultos independientes, cada quien con su familia. Aún me emociono de alegría al saber de sus éxitos sabiendo que son personas de mucho orgullo, pues fueron criados con mucho amor, buenas costumbres, y en un camino que siempre les llevaba a Dios.

Hoy miro triste a través de mi ventana, porque veo que cada día nuestros caminos se alejan más, sus visitas son muy escasas y sus llamadas ya sólo son para detalles concretos y técnicos… Al menos así lo siento yo. Para nada es un reproche, sólo un llamado de amor, de que los necesito siempre y no me gusta esta sensación de abandono que tengo.

Mis hijos, lo más amado para mí, por quienes he trabajado toda la vida, por quienes he soñado cada día desde antes de que nacieran. Son mi ilusión, mi alegría y motivo de esforzarme cada día y los amo con todo mi corazón.

A veces busco sus rostros a través de la ventana, por instantes me parece ver las siluetas de mis queridos hijos, las veo borrosas y se marchan dejándome el corazón palpitando fuerte y lleno de esperanza… Una vez más, no eran mis hijos a quienes por un instante creí ver llegar. Les extraño, hijos míos, y vivo pegada a la ventana y a la esperanza de verlos llegar cada día.

Comprendo que la vida les ofrece muchas cosas atractivas, que la vida tiene muchos deberes y pocas horas, pero ojalá que encuentren un rato para mí, hijitos; ojalá que puedan creer que merezco algo más de su tiempo.

Los amo y los necesito, no se alejen de mí tanto tiempo. Porque los días vuelan para no volver más, y si no cuidan lo que tienen, podría llegar el día en que pensando en mí y deseando verme, no puedan porque ya me habré ido

El día que yo me vaya, el día que yo ya no esté aquí, no quisiera que lloraran por mí, porque es hoy cuando necesito del amor que puedan darme, no el día en que ya no pueda verles ni sentirles. ¿De qué me serviría su amor cuando yo ya no esté para recibirlo? Es hoy que aún estoy, es hoy que me desvivo por amor, es hoy que deseo tenerles en mi regazo.

Puede que me queden muchos años de vida o pocos, ¿quién sabe? Por eso quisiera disfrutarlos y poder darles todo el amor de siempre y que sigue intacto en mi corazón. Les amo, hijos míos, muchísimo.

Mis bendiciones siempre les acompañarán, Dios quiera que el éxito siempre sea parte de su vida, que la bondad permanezca firme en sus corazones, que nunca se dejen llevar por banalidades, que nunca sientan la tristeza de la soledad, y que Dios les dé fuerza y paz en cada paso a tomar.

Mi orgullo, mi amor son ustedes, les echo de menos. Quizás piensen que no hay motivo para que me ponga así, pero esto que escribo es como me siento. Quisiera abrazarles ahora mismo, mañana y cada día que me queda de vida.

Con todo mi amor,
Mamá.”

No pierdas la oportunidad de demostrar amor a tus padres cuando aún hay tiempo, cuando todavía pueden sentir el calor de tu abrazo o puedes envolverte en la magia de su sonrisa y sus consejos. Si viven cerca de ti, organízate de tal forma que puedas verlos constantemente y si viven lejos, no dejes de comunicarte con ellos, visítalos si tienes oportunidad. Recuerda también a tus suegros, pues sin ellos tu pareja no sería el hombre o la mujer que es hoy.

No sólo les digas que los amas, demuéstralo, hazlos sentir orgullosos de todo lo que te enseñaron, porque recuerda que no aprendemos por las palabras que llegan a nuestros oídos, sino por los ejemplos que nos dan. De igual manera considera que la forma en que trates a tus padres será como tus hijos te tratarán dentro de algunos años.

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