SU HIJO MURIÓ DE CÁNCER. ELLA REVELA LA ÚLTIMA CONVERSACIÓN QUE TUVO CON ÉL

Uno de los sueños que tenía el pequeño Nollan Scully, era el de ser policía cuando fuera grande,

al igual que lo era su padre. Sin embargo, a pesar de su corta edad, ya él era todo un héroe que enamoraba aquel que le dedicara una mirada.

El problema estaba cuando el niño cumplió 3 años y una enfermedad tuvo que hacer que cambiara sus sueños. Él estaba padeciendo de un tipo de cáncer llamado rabdomiosarcoma, el cual resulta muy extraño. Su madre, Ruth Scully, vivió el mismo dolor que atravesaba su hijo en carne propia.

El joven de Maryland, de Estados Unidos, tenía muy poca esperanza de vida. Tras un año y medio de luchar contra la enfermedad, terminó cayendo a manos del cáncer y, en los brazos de Ruth, le dio el último adiós a este mundo.

EL MENSAJE FINAL QUE DEJÓ SU HIJO

De más está decir que su madre quedó de lo más afectada al vivir esa situación. Ella ha decidido contar su historia de lucha, en la que terminó perdiendo a su pequeño hijo.

“En el momento en que llevé a Nolan al hospital, supe que sería la última vez y creo que él también lo sabía. Llevaba varios días vomitando y no había logrado ingerir nada de alimentos o bebidas en ese tiempo. Cuando llegó el primero de febrero, la oncóloga que lo trataba, me aseguró que ya no tenía solución para su enfermedad.

Allí tuve la conversación más difícil con mi pequeño y no creo que pueda olvidarla. Le preguntaba si le costaba respirar y él me dijo que sí. Le pregunté si tenía dolor y me dijo que sí. Allí dije algo que no imaginé, le aseguré que ya no tenía que seguir luchando.

Él me miró y me preguntó que, si el moría, quién me iba a cuidar. Mi corazón no podía con tanto, pero le dije que la única forma de que él estuviese a salvo sería estando allá, con Dios en el cielo.

Luego de eso, mi pequeño sólo dormía y descansaba. Nos preparamos para regresar a casa y firmé la orden de no resucitación para él, lo cual no resulta fácil de hacer cuando tu hijo sólo tiene cuatro años y toda una vida para vivir.

Quise pasar la última noche de mi hijo con él, en casa. Estuvimos un rato, acostados, hasta que me fui a bañar y él se quedó tranquilo en la cama, esperando a que regresara. Apenas cerré la puerta, él también cerró sus ojitos.

Al salir del baño los médicos y todos lo rodeaban en la cama. Ya mi hijo se encontraba en sus últimos momentos y le costaba respirar. Ya no sentía nada. Aun así, corrí hasta su lado en la cama, coloqué mi mano en su rostro y abrió sus ojos. Allí pude escuchar su voz diciéndome ‘Te amo, mami” y a su mirada apagándose, hasta que la vida abandonó su cuerpo. Mi hijo había muerto. Murió pero, antes de hacerlo, se fue con una sonrisa, despidiéndose”.

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