Desgarradoras fotos fueron reveladas por una persona de la vida en un burdel legal de Bangladesh

Este es el segundo más grande de todo el mundo y cuenta con más de 200 años de antigüedad. Este negocio ha sido parte de la población de esta localidad y ha pasado de generación en generación.

Lamentablemente, madres son sustituidas por sus hijas en esta labor. Lo peor de todo es que, este burdel no ocupa una casa, ni un edificio, sino que ocupa un barrio entero. De él depende la economía de la localidad.

Su influencia es tan grande en la zona que, luego de su destrucción en el año 2014, debió ser reconstruido. De hecho, muchas ONGs se debieron involucrar en su reconstrucción, para que la población pudiera reponerse de las perdidas. Como ya dijimos antes, muchos puestos de comida y vendedores ambulantes dependen de él. A continuación, te dejaremos el trabajo de Sandra Holyn, fotografa, y Adrew Birajha, fotoperiodista.

Las niñas comienzan a realizar esta labor desde los 12 años, a veces pueden comenzar antes. La mayoría de ellas vienen de una familia pobre y otras son vendidas como esclavas. Algunas simplemente van para suplantar a sus madres en este trabajo.

Inicialmente, las niñas no reciben ningún salario por su trabajo, solo una cama, alojamiento y comida. Si les va bien en el día, puede que reciban una ropa de regalo. Las mismas puede atender entre 15 y 25 clientes. Esto le deja como beneficio entre $11 y $22 al burdel. Luego de 5 años de servicio, las chicas son ascendidas, y reciben un porcentaje de las ganancias. Además, tiene el privilegio de elegir a sus clientes.

Cuando alcanzan este estatus, pueden comenzar a buscar clientes habituales, “babus” o amantes novios. Después de varios años de servicios más, la mujer puede irse y montar su propio negocio. Sin embargo, aunque es legal en Bangladesh, no es bien visto por la sociedad. De modo que quienes se van de sus burdeles, dejan de recibir clientes.

Meghla trabajaba en una fábrica de ropa cuando tenía 12 años. A esa edad recibió la propuesta de un hombre para conseguir un trabajo mejor pagado. Al aceptar su propuesta, este la vendió al burdel donde trabaja actualmente.

El caso de Bonna es un tanto diferente, pues a ella la violó su padrastro a los 7 años. Después de 3 años de vivir una pesadilla, ella escapó de casa. Como no tenía hacia donde ir, se vio obligada a refugiarse en un burdel.

Asma ya tiene 14 años y es una trabajadora activa de este negocio. De pequeña debió dejar la escuela, pues sus compañeros se burlaban por ser hija de una trabajadora de burdel. Luego de eso, empezó a trabajar en el mismo lugar en que nació: un burdel.

Pakhi se casó a los 12 años de edad, pero como su vida era insoportable, decidió huir de su matrimonio. En la calle, hambrienta y sin esperanza, comenzó a vagar por ahí. Entonces un hombre la encontró y la vendió como esclava en Kandapara.

Sumaiya tiene varios clientes habituales que se pueden considerar una especie de novios. Sin embargo, uno de ellos, llamado Titu, la golpeó en el ojo hace poco. Este quiere casarse con ella, pese a su negativa de hacerlo.

Kajol tiene un bebé de apenas 6 meses, a quien debe cuidar mientras un cliente descansa en su cama. Después de tener el hijo, el negocio no ha sido igual para ella.

Incluso, es normal ver a madres prostituyéndose mientras sus bebés están con ellas en la habitación.

Lo que viven muchas de estas niñas y mujeres es totalmente inhumano y debería acabar ya mismo. Sin embargo, cambiar el panorama representa un gran reto para muchos, pues se debe enseñar otro oficio a todas estas niñas y mujeres, para luego sacarlas de esta cueva de gusanos. Esperamos que con la ayuda de la presión internacional, algunas organizaciones tomen cartas en el asunto.

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